Eczema crónico: la enfermedad que discrimina a quienes trabajan con sus manos, pero seguimos sin saber a cuantos

Hemos recibido esta nota de prensa sobre Salud Laboral que pos su interes publicamos.

El eczema crónico de las manos (ECM) es una enfermedad caprichosa y clasista. Puede acabar con la trayectoria profesional de un obrero de la construcción y dejar intacto a un broker de bolsa. La “crisis del eczema” en las manos, puede tener efectos económicos más perversos en una familia que la crisis financiera mundial que vivimos en estos momentos.

El Eczema de las Manos es una enfermedad dermatológica que con el tiempo va causando una alteración de las manos provocada por el engrosamiento de la piel, descamación, hinchazón, ampollas y grietas dolorosas. Afecta al 10% de la población española y la forma crónica y severa de la enfermedad, a un 7% de estos. Su origen responde a varias causas tanto endógenas como exógenas. En este sentido, el contacto prolongado con determinadas sustancias químicas es una causa muy frecuente de la patología.
Es difícil saber el número de bajas laborales que causa, porque existe un importante subregistro de esta patología, lo que no permite conocer cifras reales. Se estima que más del 20% de las personas que presentaban ECM estuvieron de baja laboral, prolongándose ésta durante aproximadamente 4 semanas al año, pudiendo llegar a la incapacidad temporal.
En esta sociedad adicta a la imagen, las manos son una de nuestras tarjetas de presentación. Los síntomas del ECM dan a las manos una apariencia que la sociedad interpreta equivocadamente como “descuidadas”. ¿Cuántas personas llegarían con esas manos al final de un proceso de selección para ser admitidas en un puesto de trabajo? ¿Se conocen despidos por esa apariencia de las manos? ¿Están las empresas dispuestas a reubicar en otro puesto al trabajador que tras años de dedicación se encuentra con la enfermedad? ¿Pueden asumir esos costes los pequeños empresarios que representan un alto  porcentaje de la economía española? Algunas personas se han visto obligadas a cambiar de profesión, pero hay también otras a las que la vida no les ha permitido esa oportunidad.
Paradójicamente, muchos de los trabajadores afectados desconocen cuanto pueden hacer por ellos las Mutuas Laborales. Estas constituyen la vía idónea para ser diagnosticados con las pruebas más fiables, para recibir el tratamiento más adecuado y que sea la propia Mutua quien asuma el coste económico que representa esta enfermedad profesional siempre que el origen de la patología tenga carácter laboral.
El Centro nacional por excelencia para la realización de pruebas diagnósticas del ECM, determinar en qué casos es enfermedad laboral y recomendar las mejores soluciones terapéuticas, se encuentra en el Servicio de Dermatología Laboral de la Escuela Nacional de Medicina del Trabajo (Instituto de Salud Carlos III). El Jefe de este Servicio de Dermatología, Dr Luis Conde-Salazar, considera que “son múltiples las profesiones, principalmente de la construcción, los obreros metalúrgicos, peluqueras, hostelería y limpieza, etc. en las que la principal afectación cutánea se localiza en las manos y en la mayoría de los casos se trata de un ECM siendo en ocasiones invalidante para su profesión. El estudio de estos  enfermos es complejo, debiéndose realizar  pruebas alérgicas de contacto a los productos que maneja y a sus componentes, así como valorar la posible concomitancia con factores endógenos que pueden ser causa de las lesiones o un factor importante en su desencadenamiento y mantenimiento del cuadro cutáneo.”
Hacer una separación entre vida laboral y vida familiar es simplemente marcar un límite artificial. Por eso el ECM tiene a veces un tremendo coste emocional en la persona que lo padece y también en quienes le rodean. Todos acaban siendo víctimas del cambio que en sus vidas puede provocar la aparición de la enfermedad en el seno familiar.
El ECM tampoco respeta la igualdad de género. Para muchas mujeres, el papel que juegan sus manos en su actividad laboral es todavía más importante que en el caso de los hombres. Curiosamente, uno de los colectivos profesionales menos sensibilizados con la problemática del ECM son las peluqueras, y hasta un 80% de las aprendizas de peluquería se ven afectadas.
Tampoco es fácil conciliar la rutina diaria y la vida laboral con los tratamientos actuales. Esperar horas a que se reabsorban las pomadas, tener las manos grasientas todo el día, la obligación de ponerse guantes para no manchar con la grasa o el tiempo empleado en ponerse cremas dos o tres veces al día, son todas acciones que acaban minando la paciencia y la confianza de estos enfermos en sus tratamientos.
Un derivado de la vitamina A, Alitretinoína oral, ha demostrado en un estudio científico que incluyó a 1.032 pacientes de más de 100 centros en 11 países, que tomada por vía oral en forma de cápsula una vez al día, hasta el 48% de los pacientes alcanzaron una remisión total de los signos de su enfermedad y el 75% lograron una mejoría de los síntomas.
Alitretinoína oral fue aprobada en 2008 y desde entonces está comercializado en varios países europeos (Alemania, Reino Unido, Dinamarca, Francia, etc). En España ha recibido recientemente la autorización administrativa para su comercialización y próximamente se convertirá en una alternativa de tratamiento para esta patología.
Podríamos estar antes una nueva opción terapéutica que aporte grandes beneficios a las problemáticas laborales, nuevas oportunidades de desarrollo profesional y consecuentemente, grandes cambios en la vida familiar.
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