La Medicina del futuro exige igualdad real para la mujer médico
Dra. E. HERNANDO
Coordinadora Grupo de Trabajo
Secretaría Adjunta de Igualdad de CESM

La feminización de la Medicina es hoy una realidad incuestionable. Las mujeres son mayoría en las facultades y cada vez tienen mayor presencia a nivel asistencial. Sin embargo, la organización del trabajo sanitario sigue sustentándose en un modelo que no incorpora plenamente la perspectiva de género ni protege adecuadamente situaciones como el embarazo, la maternidad o la lactancia.
Desde la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM) y su Vocalía de Igualdad se viene denunciando desde hace tiempo que los avances en materia de igualdad vinculados al embarazo, la maternidad, la lactancia y la conciliación en la profesión médica continúan siendo claramente insuficientes y, además, desiguales entre comunidades autónomas.
Esta situación evidencia una contradicción difícil de justificar: el sistema sanitario, que debe ser referente en salud, prevención y protección social, no garantiza plenamente los derechos de quienes lo sostienen.
La maternidad condicionada por la estructura de la carrera médica
La carrera de medicina es larga y exigente. Años de formación, residencia, inestabilidad contractual, movilidad forzosa y la realización de guardias, hacen que la estabilidad profesional llegue, en muchos casos, en etapas tardías de la vida.
Este contexto condiciona directamente la decisión de ser madre. Muchas mujeres médicos retrasan la maternidad hasta consolidar su posición laboral. En numerosas ocasiones no se trata de una elección plenamente libre, sino de una decisión condicionada por la propia estructura del sistema.
Este retraso conlleva, además, riesgos añadidos asociados a embarazos a mayor edad.
Se produce así una paradoja difícil de ignorar: el sistema sanitario no protege adecuadamente a quienes lo sostienen. Compatibilizar embarazo y ejercicio profesional sigue siendo complejo y lleno de limitaciones.
Las guardias de 24 horas, la sobrecarga física y emocional, la presión asistencial y la exposición a determinados riesgos laborales no siempre se adaptan con la agilidad que requiere una situación de gestación o el cuidado de los hijos.
Aunque la exención de guardias durante el embarazo pueda estar contemplada, su aplicación no es homogénea ni automática en todas las comunidades autónomas. Y en muchos casos, si no se garantiza la retribución correspondiente, implica una merma sustancial del salario habitual.
La pérdida de poder adquisitivo: la desigualdad invisible
Uno de los aspectos más invisibilizados de esta desigualdad es la pérdida de poder adquisitivo. Las guardias constituyen una parte esencial del salario del personal médico. La exención de guardias durante el embarazo o la lactancia supone, en la práctica, una reducción significativa de ingresos.
Es decir, proteger la salud durante el embarazo implica, en muchos casos, asumir una merma económica importante.
Esta situación genera una penalización indirecta hacia la maternidad que no existe en otras profesiones con estructuras salariales menos dependientes de complementos variables. La conciliación no puede implicar castigo económico.
El impacto en la carrera profesional
A la pérdida económica se suma el impacto en la trayectoria profesional. El llamado “parón profesional” y el temor a una posible penalización siguen siendo realidades presentes.
Muchas mujeres médicos perciben —y en ocasiones experimentan— que ejercer derechos vinculados al embarazo, la lactancia o la reducción de jornada puede traducirse en: menor acceso a formación, pérdida de oportunidades en proyectos o responsabilidades, retraso en procesos de promoción o estancamiento en la carrera profesional.
La maternidad no puede seguir funcionando como un freno profesional encubierto.
Liderazgo femenino y responsabilidades de cuidados: una barrera silenciosa
A esta realidad se suma otro fenómeno que merece una reflexión profunda: la escasa presencia de mujeres con responsabilidades de cuidados en puestos de liderazgo sanitario.
Las jefaturas de servicio, cargos de gestión o responsabilidades institucionales continúan estando ocupados en gran medida por profesionales cuya disponibilidad personal y familiar permite asumir mayores niveles de dedicación horaria, pese a que las mujeres constituyen ya una parte muy importante del colectivo médico.
Las razones son múltiples y estructurales, por un lado, los puestos de responsabilidad suelen implicar una elevada disponibilidad, carga burocrática y presencia constante en estructuras organizativas que no siempre están diseñadas pensando en la conciliación. Por otro, las responsabilidades de cuidado continúan recayendo mayoritariamente sobre las mujeres. Esta realidad hace que muchas profesionales se enfrenten a una elección implícita entre asumir responsabilidades directivas o preservar un equilibrio razonable entre su ejercicio profesional y su vida personal.
A ello se suma un factor cultural que todavía persiste: la percepción —a veces explícita, otras implícitas— de que quienes asumen responsabilidades de cuidado tendrán menor disponibilidad o continuidad en el desempeño de cargos de liderazgo.
El resultado es una pérdida evidente de talento para el sistema sanitario.
Superar esta situación requiere medidas estructurales y un cambio cultural en la organización del trabajo sanitario.
Es necesario avanzar hacia modelos de liderazgo compatibles con la conciliación, una mayor corresponsabilidad en las responsabilidades de cuidado, sistemas de promoción profesional que no penalicen los periodos vinculados a maternidad o cuidados, y políticas activas que impulsen la presencia de mujeres en puestos de responsabilidad.
No se trata de establecer cuotas simbólicas, sino de eliminar las barreras estructurales que impiden que el talento femenino se desarrolle plenamente.
Desigualdad territorial: cuando la igualdad depende del código postal
Otro de los problemas más preocupantes es la desigualdad entre territorios, y es que los avances en protección del embarazo, reorganización de guardias o reconocimiento efectivo de la lactancia no han sido fruto de un desarrollo legislativo homogéneo, sino que en muchas ocasiones han llegado tras reclamaciones individuales o resoluciones judiciales.
En una sociedad que presume de avances en igualdad y derechos sociales, no es aceptable que las mujeres médicos tengan que judicializar la maternidad para ver reconocidos derechos básicos.
A ello se añade un agravante especialmente injusto: la aplicación de medidas de protección del embarazo, adaptación de jornada, exención de guardias o regulación de la lactancia varía según la comunidad autónoma.
No puede haber médicos mujeres con distintos niveles de protección en función del territorio en el que trabajen. La igualdad no puede depender del código postal.
Medidas necesarias para una igualdad real
Desde la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos y su Vocalía de Igualdad se siguen reclamando medidas estructurales y homogéneas en todo el territorio nacional:
- Protocolos obligatorios y uniformes de protección del embarazo en todas las comunidades autónomas para las mujeres médicos,
- Adaptación automática del puesto y de las guardias sin penalización económica,
- Compensación salarial que evite pérdida de poder adquisitivo por causas vinculadas a embarazo o lactancia,
- Garantías efectivas de no penalización en la carrera profesional,
- Regulación homogénea en todas las comunidades autónomas en materia de conciliación.
La igualdad no puede depender de sentencias judiciales ni de la voluntad de cada gerencia. Debe ser una garantía estructural del sistema sanitario.
Mirar al futuro
La Medicina del futuro no puede construirse sobre estructuras laborales pensadas para un modelo profesional que ya no refleja la realidad de la profesión.
Garantizar condiciones laborales que permitan ejercer la medicina sin tener que renunciar al desarrollo personal o profesional no es solo una cuestión de justicia laboral: es una condición imprescindible para atraer y retener talento en el sistema sanitario.
La igualdad real no es únicamente una demanda legítima de las mujeres médicos. Es una necesidad para la sostenibilidad del sistema sanitario.
Porque cuando se eliminan las barreras que limitan el desarrollo profesional de una parte de la profesión médica, no solo ganan las mujeres: gana la Medicina y gana la sociedad.